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Partido Judicial de Mérida


Población:  84.099 habitantes en el último Censo

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Partido Judicial de Mérida

Información general

Situada en pleno centro de la región, la comarca emeritense constituye uno de los ámbitos más importantes de Extremadura, diferenciándose como unidad de rasgos naturales bien definidos que en lo histórico se articulan en torno al poderoso foco de la Emérita Imperial. Su papel resulta especialmente destacado para la estructuración geográfica, histórica, económica, cultural, etc., de todos los territorios circundantes y aún de la región, con importante proyección también sobre el resto de la Península.  

La zona comprende casi 2.000 km2 en su núcleo principal. Elemento fundamental del territorio es el río Guadiana, que lo recorre por el centro separándolo en dos ámbitos bien diferenciados al norte y al sur de su curso. Como tributarios de mayor importancia recibe, por la margen derecha al Aljucén, y por la izquierda al caudaloso Matachel.

Entre ambos, sobre su orilla derecha, justo en el punto donde se le incorpora el Albarregas, se encuentra Mérida.

Foto: Guadiana a su paso por Don Álvaro
Guadiana a su paso por Don Álvaro

Por los bordes septentrional y meridional la comarca se halla rodeada de formaciones montañosas que, aunque de morfología poco acusada, la delimitan claramente. Las primeras corresponden a las estribaciones de las sierras de Montánchez y San Pedro, en cuyas proximidades se enclavan Carmonita y Cordobilla, y algo más abajo La Nava de Santiago. Sobre la depresión que se abre entre ellas circulan los itinerarios históricos que se dirigen hacia el norte, entre ellos la milenaria Ruta de la Plata que a través de Mérida, conecta Sevilla con Gijón.  

Foto: Regadíos de las Vegas Bajas
Regadíos de Las Vegas Bajas

Por el este y oeste, la comarca queda abierta al valle del Guadiana, mediante el que, por un extremo conecta con las tierras castellanas, leonesas y portuguesas, a través del boquete que la orografía establece en el ámbito de Badajoz; y por el otro con las vegas altas del Guadiana y las llanuras de La Serena.

Los dominios emeritenses del norte del Guadiana presentan a su vez dos zonas bien diferenciadas. Una de mayor elevación conectada con la Sierra de San Pedro, compuesta por terrenos duros de granitos, cuarcitas y pizarras; y otra más próxima al río donde la descomposición de la base rocosa de las dioritas origina una tierra oscura de gran fertilidad muy apta para el cultivo. Sobre esta última se localizan numerosos enclaves agrarios de reducidas proporciones: La Garrovilla, Esparragalejo, Carrascalejo, Aljucén, Mirandilla y otras. San Pedro de Mérida, Trujillanos, Valverde y Don Álvaro, además de la propia Mérida, se sitúan en esa misma zona acogiéndose al acusado arco que en ese punto describe el Guadiana, obligado por la presencia ante su curso de un sólido macizo de diorita.

El paisaje emeritense presenta dos aspectos bien diferenciados. Sobre el valle del río se extienden los cultivos, entre los que sobresalen los de regadío dispuestos en época actual; y en los restantes ámbitos de la orografía más alomada, una vegetación de secano con predominio de dehesas de alcornoques, encinar, olivar, viñedo, monte bajo y matorral, cubriendo los terrenos duros, con presencia entre ellos de manchas de terreno yermo.

El área de las tierras fértiles configura los regadíos de las Vegas Bajas del Guadiana, que con inicio en la presa de Montijo se extienden hasta la frontera portuguesa. En el panorama agrario la ganadería ocupa también un lugar importante. Los espacios agrestes conectados con las sierras resultan de gran riqueza cinegética.  

Foto: Vid
Vid
Foto: Parque Natural de Cornalvo
Parque Natural de Cornalvo

En el dominio paisajístico, tiene especial importancia el Parque Natural de Cornalvo, situado a 15 km. hacia el este de Mérida, ocupando la vieja presa romana que le da nombre, constituye un hábitat relacionado con el agua de extraordinario valor ecológico. 

El dominio constituye un hábitat crítico para numerosas especies de aves acuáticas residentes o migratorias, que utilizan este espacio húmedo, único en el entorno predominantemente seco que lo rodea, como área de cría, descanso, alimentación, o refugio durante la invernada. También proliferan en el mismo, abundantes anfibios y otras múltiples variedades animales de las más diferentes especies, desde tritones y gallipatos hasta jabalíes y gatos monteses, pasando por nutrias y comadrejas.

Algo más arriba del de Cornalvo se sitúa otro pequeño embalse de construcción moderna: el de Muelas. En la dirección contraria, a 5 km. de Mérida, sobre el arroyo Pardillas se enclava también el romano llamado embalse de Proserpina, apelativo moderno relacionado con una lápida alusiva a esta diosa encontrada en ese punto. 

Tradicionalmente, el lugar fue conocido como la Albuera o la Charca de Carija. Su muro de contención es de tierra con placado de hormigón y mampostería. 

Foto: Embalse y presa romana de Proserpina
Puente romano de Mérida

Dada sus favorables condiciones naturales para la agricultura y la ganadería, abundancia de abrigos naturales y de comunicaciones, etc., la comarca fue ocupada por grupos de pobladores desde los tiempos más remotos, según queda de manifiesto en los múltiples testimonios que aún perduran de su presencia: dólmenes en la zona de Lácara y Lorianilla; pinturas rupestres en la Calderita, Cerro de San Serván, La Caseta, Abrigo de San Juan y otros muchos enclaves de las sierras de San Serván, Grajera y Alange, etc. La latinización del territorio resultó muy acusada posteriormente tras la fundación de Mérida, cuya presencia pronto se reveló como fundamental para la articulación del área al consolidarse como uno de los enclaves romanos más populosos y florecientes, no sólo de la Península, sino de todo el orbe imperial. No menos sobresaliente resultó la importancia del territorio y sus focos poblacionales durante las etapas visigoda y musulmana.

Foto: Pantano de Alange
Pantano de Alange
sobre el río Matachel

La comarca revistió también enorme importancia estratégica desde la antigüedad, dada su favorable localización como punto de confluencia de las rutas naturales que permite salvar el Guadiana en el eje de las comunicaciones en todos los sentidos. hasta diez rutas diferentes tenían aquí una de sus encrucijadas principales en los itinerarios hacia Lisboa, Toledo, Zaragoza, Córdoba, Sevilla, Astorga, etc., así como otras secundarias.

Por tal razón, y desde los tiempos más remotos, Mérida revistió un papel fundamental en la organización territorial, militar, económica, etc., de toda Extremadura y sus espacios aledaños, constituyendo un foco crítico bajo los romanos, los visigodos y los árabes.

En la actualidad y tras un largo período de más de seis siglos de oscurecimiento, el enclave emeritense ha vuelto a recuperar su preponderancia de otros tiempos. Superpuesta básicamente sobre la estructura determinada por la red de las viejas calzadas romanas, las más importantes vías de comunicación del sistema regional cruzan por Mérida, haciendo de ella nudo insoslayable en el trazado de carreteras y ferrocarriles. En otro tiempo, hasta el Guadiana fue navegable.

Como consecuencia de su localización y condiciones naturales, la importancia del foco emeritense y su papel en los acontecimientos más significativos de la historia de Extremadura resulta insoslayable también. Fuertemente latinizada en la época romana, Emérita Augusta constituyó en la época imperial el hito de articulación más destacado de todo el suroeste peninsular, como capital de la Lusitania; punto de paso obligado en todos los itinerarios.