
10-09-2026 La Diputación de Badajoz recibe a los nuevos residentes y sus familias en el inicio de un curso marcado por los reencuentros, los nervios y la ilusión
Las maletas fueron llegando ayer a la Residencia Universitaria Hernán Cortés junto a sus dueños. Para algunos, era el primer contacto con el que será su hogar durante los próximos meses; para otros, el momento de volver a encontrarse con compañeros a los que no veían desde junio. En los pasillos se mezclaban los nervios de quienes empiezan una nueva etapa con los abrazos de quienes ya conocen bien la casa.
El director de la residencia, Joaquín Pineda; el director del Área responsable de la Diputación de Badajoz, Manuel Candalija, y el responsable del alumnado, Jorge Márquez, fueron los encargados de recibir a los nuevos residentes y a sus familias y de explicarles cómo será la vida en el centro.
Este curso serán 148 estudiantes, 80 chicas y 68 chicos, los que ocuparán sus habitaciones. Todos han obtenido una plaza en la única residencia universitaria gratuita de la provincia, en un proceso de selección que combina rendimiento académico y renta. Para la Diputación, los resultados alcanzados en estos años avalan una apuesta que sitúa a los jóvenes y a su formación entre sus prioridades.
Candalija destacó precisamente la importancia de mantener el contacto con la juventud y de impulsar políticas que respondan a sus necesidades. También animó a los estudiantes a aprovechar estos años para formarse, disfrutar y participar en las actividades y propuestas que se desarrollan en Badajoz y en la provincia.
Durante la recepción quedó claro que la convivencia será una parte esencial de esta experiencia. Las habitaciones, en su mayoría compartidas, favorecen relaciones que muchas veces terminan en grandes amistades. Los propios veteranos lo saben bien y describen la residencia como una gran familia, en la que llegan a pasar más tiempo juntos que con sus propias familias.
Jorge Márquez explicó a los nuevos residentes que encontrarán las puertas abiertas y atención durante todo el día, además de un programa de actividades que busca completar su formación y facilitar que se conozcan y establezcan vínculos. “Aquí hay gente con futuro y talento”, destacó durante el encuentro.
La residencia ofrece manutención los siete días de la semana, con cuatro menús semanales adaptados a cada temporada y supervisados por una nutricionista. Dispone también de varias salas de estudio, gimnasio, dos salas acústicas, sala de juegos, pistas de pádel, fútbol sala y baloncesto y un servicio de bicicletas convencionales y eléctricas. Cenas temáticas, barbacoas y otras propuestas completan una programación abierta a las sugerencias de los estudiantes.
También hubo un mensaje para las familias: pueden mantener el contacto con el centro durante todo el curso y trasladar cualquier cuestión que consideren necesaria. La confianza, explicó el equipo responsable, forma parte de una relación cercana que permite acompañar a los jóvenes en su adaptación.
Antes de terminar, avanzaron las recomendaciones sobre las normas de convivencia, recogidas en un reglamento de régimen interior aprobado por el Pleno de la Diputación. Entre ellas, algunas tan cotidianas como comunicar cada día quién comerá en la residencia para evitar el desperdicio de alimentos.
Después llegaron las últimas indicaciones, alguna fotografía y nuevas despedidas. Los padres se marcharon. Los residentes se quedaron. Para ellos, el curso acababa de empezar.
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